Noviembre poético en Moreno
por Claudio Simiz
Moreno tiene una exuberante y variada vida poética, baste recordar , en los últimos años, los ciclos “Antes que venga ella” (2001-2003), “Cruce de palabras (2007…), la nutrida concurrencia a los talleres literarios y las actividades organizadas desde la biblioteca Castro Cambón y la carrera de Lengua del Instituto Rojas, a más de las incontables publicaciones periódicas, trípticos, etc.
La semana pasada, dos de nuestras voces más originales se hicieron presentes con sus nuevos libros: Eduardo Espósito con Quilombario y Ezequiel Wajncer con Los gigantes; morenoARTE asistió a ambos alumbramientos.
Quilombario por Eduardo Espósito, Amaru, 2008, 76 p., prólogo de Laura Yasan.
El viernes 14 se presentó en el espacio “Farandol” de Haedo el cuarto poemario de Espósito.
“Para entrar en él no hay manera de estar preparados ¿Es un quilombario un muestrario de quilombos, una completa colección de poemas o un armario o lleno de sorpresas, de estantes ocultos, de cajones repletos de las más diversas inquisiciones, de los más disparatados objetos, de las más ineludibles preguntas y las más desordenadas respuestas? ¿Quién pudiera responderlo?”
Este sagaz apunte de Yasan (flamante premio Casa de las Américas en poesía) no sólo nos ubica ante esta nueva publicación del poeta, sino también, de alguna manera, ante la totalidad de su obra y su poética: “La poesía sigue jodiendo en otro idioma/ como el tic tac de una bomba”. En Quilombario, Espósito reafirma un desarrollo por los andaniveles que caracterizan su poesía desde sus primeros libros y que, en un esperado retorno editorial, cuajó en Una novia para King Kong (2005). Su poética puede leerse en las coordenadas determinadas por una declarada admiración por el Surrealismo (una reproducción de Magritte nos recibe en la tapa), una reiterada gesticulación Bukowskiana y una buscada filiación “antipoética” explicitada en la contratapa. En medio del “quilombario” (algo de bestiario, de boticario y de todos los “arios” que puedan imaginarse), el poeta, dueño acaso de escasas certezas pero sí (y decididamente) de su voz, trata de explicar (o contar, al menos) lo inenarrable ( por absurdidad existencial o por simple impresentabilidad moral o estética). El “crack” en la nuca del lector es, seguramente, el efecto esperado, y en eso también Espósito responde a sus maestros, aunque con el agregado de un personalísimo toque de ternura que convive con el humor/sarcasmo.
Quilombario nos muestra a un poeta que ha entrado en la madurez de su propuesta estética; seguramente no ofrecerá grandes sorpresas a quienes han seguido su trayectoria; es, eso, sí, la sólida confirmación de un camino emprendido.
Todo fluye
Un hombre entra en el río
Dispuesto a refutar a Heráclito
Trastabilla
Pierde pie
Es arrastrado por las aguas
Otro hombre será hallado muerto
en el río al que nunca entró
mañana
Empatías
Mis ojos han nidificado
en dos cuencas ajenas
(las tuyas)
Ya podés mirar por mí como querías
Sólo me resta
donarte los pulmones
para que capitalices mi asma
y comprendas
Los gigantes por Ezequiel Wajncer, La Luna que…, 2008, 72 p.
El 15 del corriente se presentó en el Museo de Bellas Artes de Moreno Los gigantes, segundo libro de Wajncer.
La presentación estuvo a cargo de los licenciados Muzzopappa y Abramovich; la primera se refirió al texto desde el origen, características y proyección del género “microficción”; el segundo, desde la filosofía, reflexionó sobre el “sentido común” gramsciano y su relación con la alteración de la “normanlidad” que caracteriza a los breves relatos wajncerianos.
Con Los gigantes el autor (al cual conocíamos por su producción poética), se lanza con entusiasmo a un género que viene creciendo exponencialmente (al menos en las ediciones y en el interés de la crítica) en el espacio literario continental. Previsiblemente, la paradoja se constituye en el principio constructivo de la mayoría de los textos, una invitación a la sorpresa y acaso al resbalón, en medio de una textualidad minuciosamente construida.
Wajncer es un autor joven (27 años), ávido lector, severo autocorrector, y en su búsqueda encuentra sus mejores momentos cuando el humanismo (que es la vena de su poética) logra manifestarse trascendiendo el mero ademán ingenioso, el equívoco o el oxímoron. En este sentido, su incursión por este género “a la moda” es una muy interesante indagación con logros prometedores. Un posicionamiento claro dentro del terreno de la microficción ha sido un desafío que el autor resuelve con decisión y originalidad, y esto no es de secundaria importancia, fundamentalmente si hablamos de un escritor joven.
Vale la pena asomarse, sin dudas, a estos gigantes, más rabelesianos y borgeanos que cervantinos (a pesar de la imagen de tapa).